martes, 3 de junio de 2014

Etapa 21 del camino Francés: Astorga- Foncebadón

Iglesia de Santa María

     
 Empezó a construirse en 1471 y continuó hasta la mitad del siglo XVII














Entrada a fondebadón
  Una cruz de madera da la bienvenida a Foncebadón, pueblo arruinado y asentado sobre el monte Irago.

En El Ganso, que resucita cada verano por el paso de los peregrinos, aún pueden verse casas teitadas cubiertas de pajas de centeno. Este tipo de cubierta que se remonta a la prehistoria ha perdurado durante siglos y se ha considerado como el indicio del substrato celta de toda esta extensa zona. La iglesia parroquial esta dedicada a Santiago y en su interior se puede contemplar una bonita talla (siglo XVI) del Santo vestido de peregrino

La hospitalidad es una constante en la historia de Santa Catalina de Somoza. Del antiguo hospital de la Virgen de las Candelas ya no quedan restos.


viernes, 30 de mayo de 2014

etapa 4 del Camino de Santiago Pamplona/ Iruña .

PAISAJES 

Vista del Arga








Puente románico sobre el río Arga















Iglesia de San Juan Bautista.

La plaza del Ayuntamiento, junto a la iglesia de San Juan Bautista, ejerce de unión entre los peregrinos que vienen desde Somport y los de Roncesvalles. Pasamos bajo el arco apuntado de lapuerta de Obanos y bajamos hasta la carretera, que cruzamos para continuar a la vega del río Robohasta la entrada de Puente la Reina. Junto a la iglesia de Santiago se cumplen las dos docenas de kilómetros.

Iglesia de San Andrés.


A la entrada nos recibe el porte geométrico y grandioso de San Andrés, templo que aún conserva una sobria portada románica. Entre algún destello de casas blasonadas acometemos la última parte de la subida. 








viernes, 16 de mayo de 2014

La celestina y su autor.

AUTOR.
Fernando de Rojas estudió en Salamanca a fines del siglo XV, alcanzando el grado de bachiller, con el que él mismo se nombra en el acróstico inicial, mientras que en la carta de “El auctor a un su amigo” se declara “jurista” y estudiante en derechos (civil y canónico).
Se piensa que posteriormente volvió a la Puebla de Montalbán y allí residió hasta 1508 aproximadamente, pues en dicho año tomó posesión de la alcaldía de Talavera de la Reina, según aparece documentado en los libros de Acuerdos del Ayuntamiento (Valverde Azula: 1992). Ocupó el cargo de alcalde (cuya función era dictar sentencia en los pleitos civiles) y también de letrado, oficio que ejerció durante un periodo dilatado de tiempo, al menos hasta 1538. En Talavera de la Reina se casó con Leonor Álvarez, con la que tuvo varios hijos, siendo su primogénito Francisco de Rojas, a quien lega toda su biblioteca, el cual también ejerció como letrado en dicho Ayuntamiento. Murió en Talavera de la Reina en 1541, según se desprende de su testamento (Valle Lersundi: 1929).

LA CELESTINA.

La Celestina es una obra que desde su aparición ha planteado varios y difíciles problemas en torno a la composición del libro, sobre el autor y la extensión de la misma, ninguno de los cuales puede tenerse todavía por resuelto. La obra nos ha llegado en dos versiones: la primera, tituladaComedia de Calisto y Melibea , de dieciséis actos; y una segunda,Tragicomedia de Calisto y Melibea , en veintiuno. Las primeras ediciones, hasta que La Celestina adquiere su forma definitiva de veintiún actos, se concretan en tres estados bien definidos. Al primero corresponde la edición, considerada como princeps, impresa, al parecer, en Burgos por Fadrique de Basilea en 1499, de la cual se conoce un ejemplar único, falto de hojas al principio y al fin; carece de título y comienza con el argumento del Acto I. En esta versión de la obra todavía no se da noticia del autor.

Romance de don Tristán.

    Herido está don Tristán                 
        de una muy mala lanzada;                
        diérasela el rey, su tío,               
        con una lanza herbolada.                
        El hierro tiene en el cuerpo,           
        de fuera le tiembla el asta.            
        Tan malo está don Tristán               
        que a Dios quiere dar el alma           
        Valo a ver la reina Iseo                
        la su linda enamorada,   
        cubierta de paño negro          
        que de luto se llamaba.                 
        Viéndole tan mal parado,                
        dice así la triste dama:                
        -Quin os hirió, don Tristán,     
        heridas tenga de rabias,                
        y que no halle maestro          
        que sopiese de sanarlas.                
        Tanto están de boca en boca             
        como una misa rezada:           
        llora el uno, llora el otro,            
        toda la cama se baña;           
        el agua que de ellos sale               
        una azucena regaba:             
        toda mujer que la bebe,         
        luego se siente preñada.                
        Así hice yo, mezquina,          
        por la mi ventura mala.       

viernes, 25 de abril de 2014

Lo que sucedió a un hombre que cazaba perdices.

Hablaba otra vez el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:
-Patronio, algunos nobles muy poderosos y otros que lo son menos, a veces, hacen daño a mis tierras o a mis vasallos, pero, cuando nos encontramos, se excusan por ello, diciéndome que lo hicieron obligados por la necesidad, sintiéndolo muchísimo y sin poder evitarlo. Como yo quisiera saber lo que debo hacer en tales circunstancias, os ruego que me deis vuestra opinión sobre este asunto.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, lo que me habéis contado, y sobre lo cual me pedís consejo, se parece mucho a lo que ocurrió a un hombre que cazaba perdices.
El conde le pidió que se lo contase.
-Señor conde -dijo Patronio-, había un hombre que tendió sus redes para cazar perdices y, cuando ya había cobrado bastantes, el cazador volvió junto a la red donde estaban sus presas. A medida que las iba cogiendo, las sacaba de la red y las mataba y, mientras esto hacía, el viento, que le daba de lleno en los ojos, le hacía llorar. Al ver esto, una de las perdices, que estaba dentro de la malla, comenzó a decir a sus compañeras:
»-¡Mirad, amigas, lo que le pasa a este hombre! ¡Aunque nos está matando, mirad cómo siente nuestra muerte y por eso llora!
»Pero otra perdiz que estaba revoloteando por allí, que por ser más vieja y más sabia que la otra no había caído en la red, le respondió:
»-Amiga, doy gracias a Dios porque me he salvado de la red y ahora le pido que nos salve a todas mis amigas y a mí de un hombre que busca nuestra muerte, aunque dé a entender con lágrimas que lo siente mucho.
»Vos, señor Conde Lucanor, evitad siempre al que os hace daño, aunque os dé a entender que lo siente mucho; pero si alguno os perjudica, no buscando vuestra deshonra, y el daño no es muy grave para vos, si se trata de una persona a la que estéis agradecido, que además lo ha hecho forzada por las circunstancias, os aconsejo que no le concedáis demasiada importancia, aunque debéis procurar que no se repita tan frecuentemente que llegue a dañar vuestro buen nombre o vuestros intereses. Pero si os perjudica voluntariamente, romped con él para que vuestros bienes y vuestra fama no se vean lesionados o perjudicados.
El conde vio que este era un buen consejo que Patronio le daba, lo siguió y todo le fue bien.
Y viendo don Juan que el cuento era bueno, lo mandó poner en este libro e hizo estos versos:


A quien te haga mal, aunque sea a su pesar,
busca siempre la forma de poderlo alejar.

Me presento.

Me llamo Marta Marqués, tengo 15 años, y estudio en el Rey pastor.